Keiko y Verónika: orgullo y prejuicio, por Cecilia Valenzuela

 

Keiko y Verónika: orgullo y prejuicio, por Cecilia Valenzuela

 

Hace cinco años, cuando comenzaba el período de Ollanta Humala los periodistas comentábamos, en broma, que no había gobierno, pero tampoco oposición. Muy pronto las limitaciones del comandante fueron obvias y ya vimos que “la ambición” de Nadine, en la que algunos depositaron sus esperanzas, estaba focalizada en otras áreas.

La izquierda que lo avaló en la campaña y que lo acompañó en su primer Gabinete no ató ni desató, y se peleó con el mandatario antes de que este terminara su primer semestre en el ejercicio presidencial. Aun así, la oposición mayoritariamente fujimorista no quería ni estornudar para no despertar al cachaco que, suponía, habitaba dentro del presidente.

El mismo fujimorismo que hoy se niega a saludar, aunque sea protocolarmente, al electo presidente Pedro Pablo Kuczynski, hablaba, entonces, bajito cuando pasaba por las inmediaciones del Palacio de Gobierno.

Ayer, en estas mismas páginas, mi colega Ricardo Vásquez Kunze le recomendaba a Keiko Fujimori que no visite ni se reúna con PPK. Que no permita que la gente la perciba como parte del gobierno, que no deje que Verónika Mendoza lidere la oposición.

Cómo entender a quienes aconsejan a Fujimori que le haga a Kuczynski una oposición que fue incapaz de hacerle a Humala. Cómo comprender el pensamiento político que encarna el fujimorismo. ¿Se trata de una agrupación con fines estrictamente electorales? ¿Las elecciones del 2021 son más importantes para Keiko Fujimori que el Perú y su gobernabilidad?

Las fotografías que vimos en las primeras planas de la mayoría de los diarios de ayer, mostraban a una Verónika Mendoza severa, con serias dificultades para sonreír. La dirigencia del Frente Amplio visitó al presidente electo para recordarle sus compromisos, no para ofrecerle una mano.

Pasó a saludarlo, mientras le soltaba a Manuel Dammert y a su enésima investigación contra los que firmaron el contrato del gas. Tema con el que el congresista que ofreció el balón a 12 soles en las elecciones anteriores fustigará, con la ayuda de su prensa aliada, al presidente los próximos 5 años.

Como Keiko Fujimori en estos días, Verónika Mendoza se engaña y cree que PPK ocupa su lugar: Ambas responsabilizan de su derrota a la prensa, sostienen que sus investigaciones las perjudicaron, como si esas denuncias no hubieran tenido fundamento.

Por cierto, en la reunión que sostuvieron los congresistas de la izquierda urbana (la rural la representa Gregorio Santos) con Kuczynski, Verónika Mendoza expuso las iniciativas de su agrupación para la lucha contra la corrupción. ¿Curioso, no? Porque la ex candidata estaba acompañada por Marco Arana y Pedro Francke, los dirigentes jefes de Pepe Julio Gutiérrez, protagonista principal del audio de las lentejas al contado, quien desde la filial arequipeña de Tierra y Libertad, formó, junto a Jaime de la Cruz, el alcalde de Deán Valdivia, el escuadrón de los ‘espartambos’, el grupo violento y subversivo que a pedrada limpia extorsionó a civiles, asesinó a un policía y dejó heridos a varios más en el Valle de Tambo el año pasado.

Hay que saberlo, PPK gobernará con muchas dificultades, sin mayoría en el Congreso, sin partidos políticos responsables. El futuro del Perú dependerá de su gente, de sus ciudadanos. En los líderes políticos de estos días, está claro, no se puede confiar.

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